Sábado 16 Diciembre 2017

México desunido jamás prosperará

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Diálogos con ‘El Negro Cruz’

 

Y Jesús, como sabía los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es desolado; y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá, Mateo 12:25

Desde hace unos años, nuestro querido país se encuentra sumido en un marasmo que nos causa aflicción a la mayoría de las y los mexicanos, se ha convertido en el tema de conversación en las sobremesas y en un fenómeno que nos causa mala imagen en el resto del mundo.

El origen de muchos de estos males se ubica en los diferendos políticos, o como quien dice, en la lucha por el poder. Pero no quiero pecar de ingenuo, tengo casi cincuenta años en el mundo de la política y me queda claro que para conseguir un objetivo se utilizan todo tipo de estrategias legislativas, de comunicación,  electorales y cuestiones por el estilo. Sin embargo, creo que el meollo del asunto radica en nuestra falta de tolerancia a la derrota, me explico.

En otros países con democracias avanzadas, en la competencia electoral el derrotado admite sin cortapisas la victoria de su adversario y en un acto de urbanidad, le ofrece colaborar en lo necesario si es que se llegara a ofrecer, quizá no ocurra, pero el gesto se agradece.

En México, por el contrario, todo proceso electoral acaba en los tribunales y si al final del día la sentencia no favorece al derrotado, acaba diciendo que hubo fraude. Pero eso no es todo, desde el primer momento que el ganador asuma el poder, los perdedores harán todo lo que esté en sus manos para evitar que tenga éxito en sus planes de gobierno.

Quiero ser enfático, esta insana conducta no es privativa de ningún partido político es especial, todos la practican, amarillos, azules, verdes tricolores, morenos, turquesas y demás.

Pero bueno, justamente esta terrible situación me lleva a una conclusión: lo que buscan es satisfacer su ambición, no el beneficio de las mayorías. Aquí entran, como es costumbre, las enseñanzas de las Sagradas Escrituras.

Nos cuenta Mateo en su Evangelio, todas las argucias que los fariseos cometían con tal de negar la divinidad de Jesucristo, le ponían trampas, le cuestionaban con preguntas capciosas,  a toda costa buscan denigrarlo ante los ojos de sus seguidores, sentían que perdían poder.

Fue así, que llegaron a decir la siguiente blasfemia que nos cuenta Mateo 12:24:

“Más los fariseos, al oírlo, decían: Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios”.

La contestación misericordiosa de El Salvador fue el epígrafe de esta columna: “Y Jesús, como sabía los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es desolado; y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá” Mateo 12:25

Para rematar con los siguiente: “Y si Satanás echa fuera a Satanás, contra sí mismo está dividido; ¿cómo, pues, permanecerá su reino?” Mateo 12:26

Concluimos: “Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios” Mateo 12:28.

Esa es la cuestión, la pelea no es entre nosotros mismos, eso nos lleva a la autodestrucción. Sólo debemos competir de manera honesta, para sacar  a flote nuestra mejor parte, la que quiere el Señor que ejerzamos todos  los días: la prudencia, la sabiduría y el conocimiento. Aceptemos la llegada del reino de Dios,  con ello iniciamos el camino a la Vida Eterna.

La disputa que debemos asumir es contra el mal que predica satanás, que para salir ileso, busca dividirnos, alimentarse de nuestra inquina y perversión, las cuales nos mantienen sumidos en todas las lacras que hoy padecemos, además, al final del día sufrimos y lloramos nuestras propias desviaciones. No es necesario ir a Harvard para entender lo anterior, sólo requerimos leer la Biblia, escudriñarla, discernirla. Claro que los políticos también ¡qué esperan!

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