Sábado 16 Diciembre 2017

Judas Iscariote fue corrompido por el dinero

Judas

Y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Y ellos le asignaron treinta piezas de plata. Mateo 26:15

Aunque parezca cantaleta no lo es, no hay conducta humana que escape al escudriño de las Sagradas Escrituras y la historia de Judas Iscariote, nos puede servir para comprender como el mal puede anidar en la mente del ser humano, sobre todo cuando nos apartamos de los mandatos del Todopoderoso.

Como ustedes saben, Judas Iscariote fue uno de los Doce Discípulos de Jesús de Nazaret  y de acuerdo a los que nos narra la Biblia, lo siguió en sus prédicas por Judea y Galilea.

Judas representa, en nuestro imaginario, la traición, en este caso, la más grande que se haya cometido, no obstante, un servidor público que no cumple con sus obligaciones, también traiciona a la ciudadanía y de cierta forma a su familia, que luego suele verse en serios problemas ante el resto de la sociedad, pierden el buen nombre.

Pues bien, hacemos un poco de historia. El apóstol en cuestión era el tesorero del grupo y según nos cuenta Juan 12:6, el mencionado ya había dado muestras de sus desvíos, pues como coloquialmente decimos, le ‘metía mano al cajón’, lean el versículo:

“Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella”.

Para abreviar, no hay duda que Judas fue perdido por la avaricia, el dinero destinado a los pobres que desde antes malversaba, empezó a parecerle poco, por lo tanto, al perder todo escrúpulo y alejado de la realidad, no tuvo empacho en entregar a Jesucristo a los guardias enviados por el Sanedrín, un beso fue la señal para que los centuriones identificaran al Hijo del Hombre, el crimen quedó consumado de esa forma.

Pero para Jehová no hay nada oculto, El Salvador sabía perfectamente lo que ocurriría, conocía las virtudes y debilidades de sus más entrañables seguidores. Nos refiere Mateo 27:21-23:

“Y mientras comían, dijo: De cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar. Y entristecidos en gran manera, comenzó cada uno de ellos a decirle: ¿Soy yo, Señor? Entonces él respondiendo, dijo: El que mete la mano conmigo en el plato, ése me va a entregar”.

El peso del delito cometido, provocó que Judas acabara ahorcándose en la rama de un árbol, asolado por el ´salario de su inequidad’, nos dice Hechos 1:17-18. Podemos concluir que su conciencia ya no le permitía vivir en paz.

Nos hay que engañarnos: todos podemos caer cegados por el poder corruptor del dinero y los falsos placeres que proporciona, por ello, debemos tener presente que es una lucha que debemos dar todos los días, estar en comunicación con Dios para que nos dote de la fortaleza necesaria, y en caso de que hagamos algo mal, de la misericordia correspondiente para arrepentirnos.

El mal está ahí, a nuestro lado, a la vuelta de la esquina, es poderoso y nos puede hacer resbalar, no lo minimicen, al contrario, trabajen su mente y su corazón cotidianamente y recordemos lo que nos dice Mateo 27:41, sobre lo que les indicó Jesús a Pedro y los dos hijos de Zebedeo, cuando no pudieron velar, con Él, al menos una hora, en el jardín de Getsemaní:

“Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”.

Video de la semana