Martes 17 Octubre 2017

Los ‘mesías’ políticos

Daniel-3-El-rey-Nabucodonosor

Diálogos con ‘El Negro Cruz’

Tú, oh rey, has dado una ley que todo hombre, al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, se postre y adore la estatua de oro. Daniel 3:10

En los últimos años, hemos visto como una oleada de políticos populistas han cobrado fuerza inusitada en toda América Latina e incluso en los Estados Unidos.

Una de las características principales de estos líderes, además prometer cosas que no van a cumplir, es que son afectos a que los loen, fomentan a más no poder el culto a la personalidad, piensan que sus palabras son designios divinos y que están predestinados para hacer el bien a la sociedad.

Esta situación provoca que, literalmente, estos personajes se sientan un mesías y estés con ellos o contra ellos, claro, desde su muy particular punto de vista, no aceptan, no toleran la disidencia, se consideran dueños absolutos de la verdad.

Esta posición política provoca que las sociedades se polaricen como lo hemos visto en el caso de Venezuela, llegando casi al borde de la guerra civil, es la batalla del pueblo ‘bueno contra el pueblo ‘malo’. A este ritmo, las cosas siempre acaban en tragedia.

Como ya lo hemos platicado otras veces, las Sagradas Escrituras también abordan este fenómeno, no hay nada que escape a la observancia de Dios. En este caso, nos los describe Daniel 3:4-6, veámoslo:

“Y el pregonero anunciaba en alta voz: Mándase a vosotros, oh pueblos, naciones y lenguas, que al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua de oro que el rey Nabucodonosor ha levantado; y cualquiera que no se postre y adore, inmediatamente será echado dentro de un horno de fuego ardiendo”.

Aquí vemos que a tal grado era la locura del rey Nabucodonosor, que se mandó construir una estatua de oro para ser adorado y quien no lo hiciera, era arrojado a un horno para morir incinerado, la simbología nos muestra a un falso profeta en toda su magnitud.

En este sentido, nosotros, los ciudadanos, como buenos cristianos debemos escudriñar con mucho cuidado el discurso de las mujeres y hombres que buscan el poder y con ello distinguir quien nos ofrece realidades y quien nos pretende vender fantasías que no está en su papel cumplir.

Debemos alejarnos de las ofertas electorales que pretenden suplantar la imagen del Todopoderoso, nadie, pero absolutamente nadie, se puede comparar con Él y hablar en su nombre, mucho menos pretender que lo idolatremos.

Nuestro país vive una época muy complicada, por tal motivo, tenemos la responsabilidad de elegir con responsabilidad y no caminar por veredas ilusorias que más tarde nos van a provocar aflicción.

Para finalizar diré que todo aquel que intente usurpar la palabra de Dios para plantearnos falsas promesas, acabará mal y en su caída puede arrastrar al resto de la sociedad. No temamos al elegir, recordemos lo que nos dice Daniel 3:6:

“He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará”

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