Sábado 16 Diciembre 2017

¿Cómo podemos ser mejores cristianos?

Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo?...¿Quién morará en tu monte santo? Salmos 15:1

Una idea que a menudo ronda nuestro pensamiento, es la que se refiere a los mecanismos para ser mejores hijos de Dios, nos preocupamos por saber cuáles son los caminos a recorrer en nuestro objetivo de alcanzar la vida eterna.

En esta reflexión solemos plantearnos metas inalcanzables y/o equivocadas, que por lo general, en lugar de resolver nuestras razonables dudas, nos generan más angustias, entramos en crisis emocional y enredamos nuestro quehacer cotidiano. Nos invade un sentimiento de culpa que nos imposibilita para ser buenos cristianos.

Antes que cualquier cosa, debemos tener muy claro que el Señor nunca nos pide cuestiones imposibles, sus leyes se caracterizan por su sencillez y por poner a nuestro alcance la posibilidad de cumplirlas, no son exigencias tiránicas que nos provoquen aflicción alguna, lo único que debemos tener es la voluntad de observarlas.

La pregunta de la que parte esta humana consideración la hacemos al inicio de este texto; y la recupera el Salmo 15: 1: Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo?...¿Quién morará en tu monte santo?

Esta es la cuestión fundamental que le hacemos al Todopoderoso: ¿quién habitará en tu tabernáculo?...¿Quién morará en tu monte santo?

Es claro, nuestra condición humana nos hace plantearnos quiénes estaremos o estarán al lado de Jehová inscritos en el Libro de la Vida ¿por qué lo preguntamos?, por una razón muy sencilla: tenemos el ansia de saber cómo conducirnos y con ello acceder a vivir por los siglos de los siglos  en el monte santo de Dios.

Pero decía al inicio, que al inquirir sobre estos asuntos hacemos falsas apreciaciones: pensamos que las indulgencias se compran, materializamos nuestra conducta y en veces creemos, erróneamente, que todo se puede resolver con tardío arrepentimiento, es decir, fallamos a los dictados de Dios y posteriormente nos ‘arrepentimos’ y caemos, reiteradamente, en malas conductas.

El supuesto está equivocado, pero como dicen por ahí: nonos hagamos bolas.

El sendero para llegar al encuentro con Dios está frente a nuestros ojos, nos lo dice con absoluta claridad el Salmo 15 en sus versículos 2 y 3, responde con certeza total la pregunta realizada líneas atrás: Jehová ¿quién habitará en tu tabernáculo?...¿Quién morará en tu monte santo?

Esta es la verdad revelada por el salmista: El que anda en integridad y hace justicia, Y habla verdad en su corazón. El que no calumnia con su lengua, Ni hace mal a su prójimo, Ni admite reproche alguno contra su vecino.

Lo anterior nos demuestra que las opciones que nos pone Dios son diáfanas, fáciles de entender, cuando queremos, desde luego.

En fin, esta es la norma a seguir todos los días si queremos estar en armonía con Dios: andar en integridad y hacer justicia, tener verdad en el corazón, no calumniar con nuestros dichos, ni hacer el mal, ni reprochar al vecino.

Prediquemos con el ejemplo.

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