Martes 17 Octubre 2017

Mentira y vanidad, la perdición del hombre

Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. Eclesiastés 5:4

Todos a lo largo de la vida hemos prometido cumplir algo con tal de salir del paso y quitarnos de encima una futura aflicción, es un recurso que solemos utilizar para huir de una responsabilidad.

Cuando jóvenes solicitábamos algún permiso, ante los consejos de los padres hacíamos todo tipo de ofrecimientos con tal de que se nos diera la venia para ir al encuentro de la palomilla, de alguna forma era parte del juego, en realidad era complicado tomarles el pelo a los progenitores.

En el trabajo o la escuela, más de una ocasión recurrimos a ‘enfermar o matar’ a la abuelita y con ello justificar una inasistencia, es más, se volvió un pretexto muy trillado con el paso del tiempo, al grado que por razones obvias ya nadie cree ese tipo de excusas.

Sin embargo, esto que podríamos considerar conductas erróneas pero, que no son destructivas, pueden llegar a convertirse en una lacra cuando a las muchas palabras se junta la vanidad.

Nos dice Eclesiastés 5:5-6: “Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas. No dejes que tu boca te haga pecar, ni digas delante del ángel, que fue ignorancia. ¿Por qué harás que Dios se enoje a causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos?”

Justo esto es lo que le pasa a los políticos que enfermos de avidez comienza a prometer lo que no cumplirán con tal de allegarse el poder y con ello buscar saciar su desmesura, su falta de contacto con la realidad los aleja de la leyes de Dios y ya no sienten temor por el Todopoderoso, creen que tienen su destino en la manos, por no decir otra frase vulgar que es más explícita, pero que supongo se imaginan.

Lo más trágico del asunto, es que para poder allegarse tantas riquezas materiales, esos ‘servidores públicos’ lastiman a la población, disminuyen su creencia en las leyes de los hombres y minan su fe en Jehová, pues llegan a considerar que los malos actos se premian. Esto es parte de la desesperanza y tierra fértil para caer en la idolatría, circunstancia que ofende al Señor, de ese tamaño es la tropelía.

Esas insanias son responsabilidad del hombre y si a veces pareciera que no les ocurre nada es por la intervención de luzbel, el príncipe de las mentiras, que los hace creer omnipotentes y les concede ciertos privilegios efímeros, no obstante, para nada es así, Eclesiastés 5:8 es contundente al respecto: “Si opresión de pobres y perversión de derecho y de justicia vieres en la provincia, no te maravilles de ello; porque sobre el alto vigila otro más alto, y uno más alto está sobre ellos”

Agrega Eclesiastés 5:13-14, para que no quede duda del mal proceder y sus consecuencias: “Hay un mal doloroso que he visto debajo del sol: las riquezas guardadas por sus dueños para su mal; las cuales se pierden en malas ocupaciones, y a los hijos que engendraron, nada les queda en la mano.”

El mensaje es muy claro, espero lo hayamos comprendido, no busquemos la vanagloria de lo inmediato, trabajemos por la vida eterna.

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