El discuro inagural de George Washington


“Siendo tales los sentimientos con que, en obediencia al llamamiento público, acepto este puesto, sería particularmente inadecuado omitir en este mi primer acto oficial mis fervientes súplicas al Todopoderoso que reina sobre el universo, que preside los consejos de las naciones, y cuya providencial ayuda puede subsanar todos los defectos humanos, para que su bendición pueda consagrar a las libertades y la felicidad del pueblo de Estados Unidos un gobierno instituido por éste para estos propósitos esenciales y para que permita que todos los instrumentos empleados en su administración cumplan con éxito las funciones asignadas al cargo. Al ofrecer este homenaje al Gran Creador de todo el bien privado y público, estoy seguro de que se están expresando vuestros sentimientos al igual que los míos y los de mis conciudadanos. Ningún pueblo puede estar más obligado que el de Estados Unidos a reconocer y adorar su mano invisible, la cual conduce los asuntos de los hombres. Cada paso con el que éstos han avanzado hacia una nación independiente parece haber sido distinguido por la señal de una intervención de la Providencia“.

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